Entrevista para Rights International Spain

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Fragmento de la charla junto a Cristina de la Serna, colaboradora en España de Open Society Justice Initiative sobre las prácticas policiales (incluidas las identificaciones y los cacheos) discriminatorias basadas en el perfil étnico en España.

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El agente del caos

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Publicado originalmente en Actualidad24.net

“Instaura una pequeña anarquía. Altera el orden establecido. Y comenzará a reinar el caos. Soy un agente del caos”.

El malogrado Heath Ledger, en su interpretación del Joker en la película “El caballero oscuro”, es el autor de esta frase. Y bien se podría aplicar al jugador que nació bajo el nombre de Ronald William Artest, ahora llamado Metta World Peace.

Su historia es la historia de un jugador que siempre ha ido al margen de la normalidad, fuera de la manada y siempre dando la nota de una forma u otra. No es algo que le salga sin querer, que sea consecuencia indirecta de sus actos. Es algo que él mismo provoca y alardea de ello. Es su estilo de vida. “Me gusta la tensión, me encanta cuando las cosas salen mal. En la NBA no promocionan a tíos como yo, les gustan tíos que comen Cheerios, buenos tíos, pero yo encuentro la forma de darme a conocer”.

Como buen agente, Metta World Peace provocó en su día la pelea más salvaje jamás vista en una cancha de la NBA. La estupefacción, el mal, y por supuesto el caos se apoderaron del Palace of Auburn Hills.

El 19 de noviembre del 2004, en Detroit, se enfrentaron los Pistons a los Indiana Pacers. Era la reedición de la final de conferencia de la temporada anterior, por lo que había cierta tensión en el ambiente. En una jugada al borde de la conclusión del partido (apenas quedaban 45 segundos), el por aquel entonces Ron Artest y Ben Wallace comenzaron una pelea que nadie preveía que fuera lo grave que acabó siendo.

El proceso normal diría que el conflicto, provocado entre los dos jugadores, acabaría ahí, entre los jugadores. Pero eso es lo normal. De algún modo, Artest consiguió que incluso varios aficionados que habían acudido a ver el partido se vieran implicados.

El proceso normal también diría que en una pelea entre varios participantes, al menos hubiera tensión por parte de todas las personas. Pero mientras el resto de jugadores se enzarzaba en una pelea que él había provocado, Ron Artest se mantenía tumbado plácidamente en la mesa de los marcadores, contemplando desde la primera fila y con aparente indiferencia su caótica obra. Incluso se le ocurrió la idea de intentar hablar por el micrófono para todos los espectadores, idea que desestimó acertadamente el locutor.

¿Y sabes qué tiene el caos? Que es justo

Lo que sucedió posteriormente no tiene ni pies ni cabeza, y tampoco atiende a cualquier razón lógica. Un aficionado, seguramente harto de que el instigador de aquel lamentable espectáculo estuviera cómodamente recostado, decidió tomarse la justicia por su cuenta. El vaso de Diet Coke con el que calmaba su sed durante el partido le pareció la mejor arma disponible, cuando le lanzó su contenido al jugador de los Pacers. Éste despertó de su inexplicable letargo, aceleró sus pulsaciones de 0 a 100 en un segundo y salió embalado dirección a la grada. El objetivo, causar el caos.

En ese momento comenzó el momento denominado “Malice in the Palace”. Aficionados y jugadores se vieron envueltos en un combate de grandes proporciones, de la época en que el Coliseo romano vivía sus mejores tardes. Ben Wallace, Jermaine O’Neal y Stephen Jackson fueron los alumnos aventajados de un Ron Artest totalmente desatado. “Ron ron” se dirigió hacia un hombre de camiseta negra como un toro y lo embistió sin piedad. El único inconveniente, que se había equivocado de víctima.

A partir de entonces, volaron puñetazos en todas direcciones. Los jugadores de los Pacers contra los aficionados de los Pistons. Stephen Jackson y Jermaine O’Neal lanzaban derechazos a todo aquel que se cruzaba por su paso. Artest hacía lo propio por su cuenta. Uno de los fans, Charlie Haddad, tuvo la desgracia de enfrentarse a O’Neal. Quienes se encontraban a su lado temieron por su vida tras recibir un poderoso puñetazo tras carrera del pívot de Indiana.

Mientras tanto, los miembros de seguridad del recinto no daban abasto. Según cuentan, en aquella época estaban preparados para peleas en la grada o en la cancha, pero no en ambas partes. Como suele ocurrir, tuvo que pasar este hecho para que se tomaran mayores medidas de cara a la prevención de éstos casos.

Una vez terminado el incidente, con todos los jugadores en los vestuarios y la policía rodeando el edificio para evitar males mayores, Artest y Jackson conversaron sobre las consecuencias de su acto. “Tendremos suerte si conseguimos un puto empleo”, se limitó a decir S-Jax. Éste ya vislumbraba los resultados de sus actos. Pero Ron Artest, el agente del caos, padre y madre del espectáculo más lamentable visto en la NBA, todavía tenía una guardada. Y es que se resistió a terminar entre rejas la noche en la que llevó a cabo su mayor obra.  En compenetración con los estamentos de su equipo, consiguió llegar al autobús del club para permanecer fuera del alcance de los agentes del orden. Una vez más, había desafiado el orden impuesto, se salió de lo normal y consiguió librarse temporalmente de tener que rendir cuentas.

Sin embargo, las sanciones no tardaron en llegar y Artest, principal culpable, fue el más castigado. Le suspendieron sin jugar el resto de la temporada (un total de 86 partidos), perdió casi 5 millones de salario, le impusieron 60 horas de servicio a la comunidad y le obligaron a asistir a terapia.

Ron Artest, ahora llamado Metta World Peace, siempre ha tenido algo de diferente. Quizá ese sea el motivo por el que tras ese altercado, todavía siga teniendo un puesto en una de las mejores plantillas de la liga. Y quizás la NBA haya encontrado en World Peace el caos del que hablaba Isaac Asimov. “Le faltaba irregularidad, le faltaba el caos de la vida permanente en la que una habitación o incluso una mesa se adapta a las sinuosidades y fluctuaciones de una personalidad particular”.

Entrevista a Ziomara Morrison, exjugadora de la WNBA

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*Publicado originalmente en Actualidad24.net

Ziomara Morrison es una jugadora de baloncesto chilena que actualmente milita en el Basket Rivas Ecópolis, tras su periplo en los San Antonio Silvers de la WNBA, hazaña por la que fue pionera en su país. Ahora, lucha con su equipo por ganar la Liga Femenina y llegar lo más lejos posible en la Euroliga, trofeo que Zio (así la llaman sus compañeros) quiere ganar a toda costa

Pregunta: ¿Cómo describirías tus inicios en el mundo del baloncesto en Chile?

Yo empecé por casualidad a los 11 años, fui a acompañar a mi hermano a unas pruebas para él. Le acompañé y un entrenador me vio, me miró, dijo que era muy alta y me invitó a entrenar. Tenía 11 años y ya medía un metro ochenta y algo…. Así empecé a entrenar y ya no he parado.

Respuesta: Tu padre también era jugador de baloncesto. ¿Influyó a la hora de que empezaras a jugar?

R: En absoluto, porque yo no viví con mi padre así que no influyó para nada.

P: Su primer recuerdo baloncestístico, ¿cuál es?

R: Mi primera entrevista antes de irme a Italia. Recuerdo que mi madre me llamó cuando estaba en el colegio y me dijo “¡Te he pedido hora en la peluquería!”. Yo le pregunté que por qué y me contestó que “¡Porque vienen a entrevistarte!”. Era muy pequeña y para mí una entrevista era algo muy lejano. Que viniera mi madre y me dijera eso me impactó mucho.

P: Muy joven, con 15 años, partiste a Italia a jugar a baloncesto. ¿Qué tal se dio esa experiencia?

R: Muy enriquecedora. Aprendí mucho, empecé entrenando con el primer equipo desde los 15 años. No había otra opción, ya que en Chile no había ninguna liga profesional.

P: ¿Te supuso un cambio de cultura muy grande o te adaptaste bien desde el principio?

R: Creo que me adapté bien porque iba muy mentalizada a lo que iba, jugar al baloncesto y terminar mis estudios. Eso me sirvió mucho.

P: Luego llegaste a España, jugando en Burgos y ahora en Rivas. En general y basándote en tu experiencia, ¿qué nivel crees que tiene la liga femenina?

R: Tiene un nivel alto, igual un nivel más bajo que el año pasado, pero sigue siendo de los mejores de Europa.

P: ¿Por qué crees que ha bajado el nivel?

R: Por el tema económico que está teniendo España principalmente.

P: ¿Y os veis afectadas por ello?

R: En el club no he visto ninguna complicación, y espero que no la haya.

P: Si pudieras, ¿qué cambiarías de la liga?

R: La haría un poco más corta, en vez de jugar una vez por semana en el campeonato español.

P: Pasando a la WNBA. ¿Ha encontrado mucha diferencia respecto a la Liga Femenina? ¿En qué aspectos?

R: Muchísima diferencia. La WNBA es otro mundo y el nivel es muy alto, sobre todo físicamente. El tema de los pabellones es muy distinto, hay siempre un show y nos iban a ver unas 8.000-9.000 personas en cada partido.

P:¿Cómo era pasar a enfrentarse a grandes jugadoras del basket femenino como Sue Bird, Tamika Catchings, etc…?

R: Es un gran reto, enfrentarse a las mejores del mundo es algo impagable.

P: Usted compartió vestuario con Sophie Young o Becky Hammon. ¿Qué aprendió de jugadoras así?

R: He aprendido muchísimo, ya que no solo son grandes jugadoras sino que son excelentes personas y compañeras. Siempre estaban apoyando y tratando de enseñar de su experiencia. Creo que es algo que no muchas tienen, y ellas sí.

P: Entre la NBA y la WNBA hay grandes diferencias. Entre una liga y otra, el salario mínimo es más de mil veces mayor en favor de la masculina. ¿Qué le parece esta situación?

R: Es una injusticia en toda regla. Aunque ya se sabe que el deporte masculino siempre tiene mucho más seguimiento, tiene más afición. Lamentablemente es la realidad y espero que algún día cambie.

P: Y para que esto cambie, ¿debe cambiar la sociedad o las ligas son las que tienen que dar el paso?

R: Yo creo que es trabajo de ambas partes. Los clubes deberían apoyarse entre sí. Por ejemplo, en un partido masculino hacer promoción del femenino o que el abono sirva para los dos equipos.

P: ¿Le gustaría volver a la WNBA?

R: Por supuesto. De hecho ya me han dicho que cuentan conmigo para el próximo año.

P: A lo largo de tu carrera, ¿en qué jugadores te has fijado como ejemplo?

R: Nunca me he fijado en nadie en especial, sino que si veo a alguien con una habilidad o algo que me guste, trato de practicarlo y mejorar en este aspecto. Sólo conocía a Michael Jordan porque vi Space Jam y porque lo conocen todos.

P: ¿Qué quinteto harías de jugadores históricos o de los que te hayas enfrentado?

R: Yo te puedo decir con las que haya jugado, porque no soy una seguidora de la historia de la WNBA o NBA. Elegiría a Sue Bird, Becky Hammon (quien ya jugó en Rivas), Seimone Augustus, Sophie Young y Tina Charles.

P: Un propósito para el 2013.

R: Volver a la WNBA, teniendo más minutos y adaptándome mejor, porque es difícil. Sobre todo seguir mejorando. Y con el Rivas Ecópolis, ganar todo, incluso la Euroliga. Hay gente que dice que no le importa, pero a mi sí.

Esto ha sido todo, muchas gracias.

Gracias a vosotros.

El deportista del año 2012: Lebron James

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*Publicado originalmente en Actualidad24.net

El Ave Fénix, animal mitológico protagonista en varias culturas y religiones, es un animal cuya principal virtud es la inmortalidad. Una condición que alcanza cuando tras poner un huevo, éste arde a los tres días y queda reducido a cenizas. Momento en que el Ave Fénix renace de ellas para perpetuarse en la historia de la vida.

Como si de un personaje sagrado se tratase, Lebron James terminó la temporada 2011 convertido en cenizas. Había sido protagonista meses atrás de un espectáculo mediático sin precedentes en el que, a través de un programa de televisión nacional de prime time, James desveló al mundo que abandonaba la disciplina de los Cavs para como él mismo dijo, “llevar mi talento a South Beach, Miami”.

Su nivel de popularidad, hasta el momento siempre por las nubes, bajó drásticamente para pasar a ser el hombre más odiado de la NBA y blanco de la aversión de los fans. Con este ruido de fondo, se plantó en las finales ante los Dallas Mavericks de Dirk Nowitzki, quienes se llevaron el campeonato sin dar opciones a los Heat. En las series, Lebron estuvo a un nivel bajo, siendo devorado por la presión que le señaló como el principal culpable del batacazo en las Finales.

Se recluyó dos semanas al margen de todo el mundo, tan sólo acompañado de su mujer e hijos. Dos semanas en las que no se dejó ver por ningún lado e incluso dejó cubrir su rostro de una poblada barba. Tras esta reclusión, Lebron tomó una determinación. Quería ser mejor jugador y sobre todo mejor persona. Tras un verano en el que multiplicó su trabajo habitual y se prodigó en lavar su imagen pública, James estaba dispuesto a comenzar la temporada 2011-2012 con ganas de comerse el mundo. Los objetivos eran claros, el anillo de campeón y la medalla de oro olímpica. El camino hacia un gran año no hacía más que dar el pistoletazo de salida.

Su particular 2012 empezaba el 25 de diciembre, a causa del consabido lockout, con un remember de las finales perdidas ante unos Mavericks que habían cambiado su imagen tras el triunfo obtenido y que prácticamente pusieron fin a una era una vez tenían el preciado anillo. La temporada discurría como otra cualquiera aunque con la diferencia de un duro calendario comprimido en el tiempo. Los partidos se sucedían, las bajas por acumulación de partidos estaban a la orden del día en las plantillas NBA. No así en Lebron James, quien vió como el resto del Big Three sucumbía a las lesiones mientras él ni pisaba el banquillo.

Evolucionó en su juego haciéndolo más efectivo, presentando el mejor porcentaje de tiro de su carrera con un 53%, aunque ahí no pudimos apreciar su mayor cambio. La clave de la temporada de Lebron tuvo lugar cuando, a causa de las continuas bajas de Chris Bosh y el perenne problema del pívot en Miami, James comenzó a jugar más pegado a la zona que nunca. El puesto de cuatro pasó a ser cosa suya, relegando a Bosh al 5. Éste simple movimiento convirtió a los Heat en el equipo del Small Ball, y a Lebron en su icono. La clave del sistema, la versatilidad, aspecto en el que el jugador de Akron es el auténtico elegido.

Las cifras de la temporada no engañaban a nadie. 27’1 puntos, 7’9 rebotes y 6’2 asistencias que le valían a periodistas y aficionados de la NBA para nombrarle como MVP, por delante de Kevin Durant, amigo íntimo y principal adversario por el cetro mundial. En ningún momento James ha escondido que cada noche siempre mira lo que ha hecho “Durantula” para intentar superarle a la noche siguiente.

A medida que pasaba la temporada, el ruido de fondo que acompañaba a Lebron desde el fatídico programa “The Decision” cesaba ante cada exhibición de poder. Sin embargo, el jugador no es de piedra y en una entrevista concedida a Rachel Nichols, hablaba de cómo le había afectado aquella situación.

“Estar en el otro lado, lo que llaman el lado oscuro y ser el villano, realmente me estaba superando. Me convirtieron en algo que no era. Yo no soy esa persona”. Lebron James

La temporada echó el cierre, Lebron había sido MVP por tercera vez en su carrera y Miami Heat partía como máximo aspirante al trono que Dallas no parecía que fuera a defender como antaño. La historia era prácticamente similar a la del año anterior, salvo por un cambio en la mentalidad de Lebron que sería otra de las claves para la victoria final. Desde el momento en que echaron a andar los Playoffs, James, muy activo en las redes sociales, dejó de usarlas y se apartó del teléfono móvil lo máximo posible. Las críticas resbalaban sobre él y se centró en potenciar uno de sus hobbies “secretos”: la lectura.

La postemporada fue un camino de altibajos para el equipo pero no así para King James, quien lideró a los Heat con 30 puntos, 9’7 rebotes y 5’6 asistencias. Números al alcance de muy pocos jugadores a lo largo de la historia de la liga. Los rivales se iban sucediendo: unos Knicks que no fueron oposición, unos rocosos pero inexpertos Pacers y los inmortales Celtics del Big Three, quienes a la postre fueron sin duda los rivales más duros en el camino. Por el itinerario, actuaciones que quedaron grabadas en la retina de los espectadores, como los 40 puntos, 18 rebotes y 9 asistencias ante los Pacers o los 45 puntos, 15 rebotes y 5 asistencias del Lebron más desafiante de la temporada contra los Celtics.

La última parada, unos Thunder que venían con la vitola de favoritos tras aplastar a sus rivales de conferencia. La supuesta superioridad de Oklahoma quedó sepultada bajo el saber hacer de Miami, quien amaestrado por el Lebron más sabio de la temporada se impuso por un claro 4-2. El último partido quedará para la historia, ya que James se despidió con 26 puntos, 11 rebotes y 13 asistencias. Tim Duncan, Larry Bird, James Worthy y Magic Johnson observaban como el genio de Akron se unía con total merecimiento a su selecto club. “Triple double don’t lie” tuiteaba Greg Monroe.

Lebron James alcanzó su sueño, se coronó como campeón de la NBA y fue nombrado más que merecidamente MVP de las finales. Ponía así fin a una temporada perfecta en la que pulió defectos del pasado y se hizo más fuerte a base de golpes. Pero la misión no había terminado. Dos objetivos habían sido puestos en su mente, y sólo uno se había cumplido. La medalla de oro olímpica era la última etapa de una carrera que sólo podía acabar en lo alto del podio londinense. Era una cuestión entre James y Jordan, quien hasta este verano había sido el único en ganar en el mismo año el MVP, el anillo de campeón de la NBA, el MVP de las Finales y la medalla olímpica. El reto era mayúsculo, pero la motivación superior.

Por otra parte, la admiración del mundo del baloncesto era unánime, el odio comenzaba a ser cosa del pasado y sus detractores se empezaron a quedar sin argumentos tras la consecución de la corona.

“En la historia moderna de la liga, las únicas temporadas comparables a la de Lebron fueron la campaña en que Shaquille O’Neal ganó su primer campeonato con los Lakers y cuando Michael Jordan ganó sus tres primeros campeonatos con los Bulls. El resto es de una magnitud inferior. No sólo ha sido el mejor jugador de la liga, sino que la ha dominado de principio a fin como sólo tres jugadores lo han hecho en las cuatro últimas décadas: Jordan, Shaq y Lebron. Ésa es la lista.” John Hollinger (Analista de la ESPN)

Con la resaca del campeonato y la acumulación de minutos en sus piernas, Lebron llegaba a los Juegos Olímpicos como una de las principales atracciones tras su reciente título. Pero aquí su papel no fue el de salvador, sino el de un jugador importante en un grupo de grandes estrellas. Durant, Anthony y Bryant, por citar a algunos, pasaron a ser sus compañeros. James, haciendo uso de su versatilidad y su bajo ego cumplió un papel menos protagonista, cediendo más terreno tanto a Kevin Durant como a Carmelo Anthony. Salvo momentos puntuales en los que tiró de galones, no destacó sobremanera en ningún partido. Sin embargo, fue suficiente para imponerse en una ajustada final al combinado español y alcanzar la cima del deporte mundial. Por el camino, un triple doble de 11 puntos, 14 rebotes y 12 asistencias ante Australia, algo inédito en el baloncesto olímpico.

James cerraba así una temporada de ensueño. MVP de la temporada y de las finales, campeón de la NBA y medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 2012. El recuerdo de la final perdida el año anterior fue el trampolín que acabó con el exitoso cierre de las olimpiadas. Cual Ave Fénix, Lebron Raymond James se convirtió en cenizas en 2011 para renacer en un 2012 majestuoso, en el que ganó todo lo que se le puso delante y grabó su inmortalidad en las páginas de la historia del deporte.

Hasta aquí el alegato para el mejor deportista del año. Porque es él. El único. El Rey. EL ELEGIDO.

La cortina de humo del “Efecto Pizzi”

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*Publicado originalmente en Inter Sport Magazine

¿Si algo le funciona bien a tu enemigo, porque no copiarlo? Esta máxima viene repitiéndose en los despachos de la mayoría de clubes españoles que se ven en la necesidad de destituir a su entrenador y peinar el mercado en busca de la pieza perfecta. En esta situación es cuando, echando un ojo a la realidad de los últimos años, destacan dos entrenadores de perfil similar pero de igual éxito (relativo, claro está): Pep Guardiola y Diego Pablo Simeone.

Con la esperanza de repetir la fórmula del triunfo,pocos clubes han podido resistirse a reclutar alguna vieja gloria, con pasado futbolístico en el club pero sin gran experiencia en los banquillos. Así, en los últimos meses han salido nombres como Gaby Calderón en el Betis, Juan Antonio Pizzi en el Valencia, o más recientemente Cosmin Contra  en el Getafe.

De estos tres últimos, destaca por la complejidad de la situación deportiva e institucional la llegada de Pizzi a un equipo descompuesto tras el paso de Djukic –otro entrenador del mismo perfil pero sin el efecto deseado- para llevar las riendas del Valencia más incierto de los últimos años.

Aun así, el exinternacional español aterrizó en el banquillo del conjunto che para instaurar el ya consabido “Efecto Pizzi” en Mestalla.  Y en su libreto cuatro nombres han destacado por encima de todos para convertirse en la columna vertebral del club de Mestalla. Diego Alves, Jeremy Mathieu, Dani Parejo y Paco Alcácer son los líderes de un Valencia de presente incierto y futuro desconocido.

Alves ha encontrado la estabilidad necesaria en una portería que Guaita no supo e incluso parecía que no quería defender. Mathieu ha pasado de una obligada reconversión a ser un central zurdo de lo más productivo y de paso dejar espacio para el crecimiento de Juan Bernat en el lateral. En el centro, nadie daba un duro por él pero tras su exhibición en el Camp Nou, Dani Parejo se ha convertido en el amo y señor no sólo del centro del campo, sino del propio equipo. Arriba, de casi desterrado a goleador y maestro del desmarque al primer palo ha ido la evolución de Paco Alcácer, inflado de confianza y respondiendo con goles.

Alrededor de los cuatro ejes por cada línea, algunos escuderos que últimamente dan un rendimiento incluso por encima de lo esperado. La inesperada competencia de Barragán a Joao Pereira en el lateral derecho ha convertido este carril en una opción de ataque más juegue quien juegue. Al otro lado, Bernat ya comienza a mostrar ese ‘jordialbalismo’ que siempre ha dejado entrever. En medio campo, el incombustible Javi Fuego hace buena la fama que le precedía de gregario, siempre a disposición del equipo y dejándose hasta los atributos en el terreno. En la misma línea, Feghouli vuelve a ser aquel jugador pre-renovación que tras su exhibición ante el Bayern iba para ídolo de Mestalla. Arriba, Eduardo Vargas parece que al menos tiene mejor suerte que un Postiga del que uno piensa que nunca se fue demasiado justo con él.

El rendimiento deportivo es ahora mismo aceptable, el equipo compite y ya no da la sensación de vulnerabilidad que tenía por bandera el sello Djukic. Los partidos se compiten de principio a fin y aunque se pierda las impresiones son diferentes. Ahora bien, el “Efecto Pizzi” ha conquistado la atención de los espectadores y medios, salvando de la quema pública la gestión del club que tan sólo genera dudas. Mientras en el campo se vislumbra un proyecto o idea que seguir, en los despachos el hermetismo y la opaciadad conforman el pan de cada día.

Al más puro estilo Gil Marín y Enrique Cerezo en el Atlético de Madrid, la calma deportiva tapa las vergüenzas de un proceso de venta del que apenas se sabe nada. La fulgurante aparición y desaparición de Peter Lim ha quedado en el olvido y desde entonces las informaciones son filtradas con cuentagotas.

Es increíble, incluso fascinante, observar cómo lo deportivo engulle con relativa facilidad cualquier otro plano. En este caso, cómo la revitalización iniciada por Pizzi ha borrado de la memoria colectiva el esperpento del club a la hora de gestionar la venta a un buen comprador. Cómo la dirección de Parejo, las cabalgadas de Bernat o los desmarques de Alcácer ensombrecen con asombrosa facilidad la intransigencia de Bankia, la dúctil conveniencia de la Fundación y el minúsculo margen de maniobra del Valencia de la mano de Amadeo Salvo.

Cual cortina de humo, el “Efecto Pizzi” nubla la vista de unos aficionados valencianistas que no deben dejar de mirar hacia la todavía grave situación institucional. Las comparaciones en este sentido con el Atlético de Madrid son odiosas, más por el hecho de que el Valencia no tiene la actual dinámica ganadora de los rojiblancos. Pero todavía, trabajando al mismo nivel del césped en los despachos, está a tiempo de evitar un ridículo institucional tan prolongado en el tiempo.

Royce White contra la ansiedad

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Publicado originalmente en Actualidad24.net

Aproximadamente una de cada cinco personas en el mundo padecen de ansiedad. Ésta, en un principio, no tiene porqué tener una connotación negativa, ya que de forma controlada es un sistema de alerta y activación ante situaciones consideradas amenazantes, lo cual mejora el rendimiento. Este estado de ansiedad, en condiciones normales, no debería prolongarse mucho en el tiempo. Sin embargo, hay gente a la que este periodo le dura mucho más o que directamente no desaparece, y ahí es cuando aparecen los problemas.

En estas estamos cuando nos adentramos en la lista de los 60 jugadores que fueron elegidos para ocupar unas privilegiadas plazas en las plantillas NBA. En el puesto número 16 los Houston Rockets se hicieron con los servicios de Royce White, ala-pívot de Iowa State. Alto, fuerte y con mucho talento, la temporada anterior a dar el salto a la liga lideró a su equipo en las 5 grandes estadísticas (puntos, rebotes, asistencias, robos y tapones). Un jugador que por sus condiciones sobre el parquet probablemente hubiese sido elegido entre los 10 primeros, pero que la ansiedad arrastró a la mitad de la primera ronda. Y gracias.

Philadelphia, Orlando, Denver, Boston, Indiana, Miami, Oklahoma City… todos ellos pasaron del talentoso jugador, por considerar “muy arriesgada” su elección. La ansiedad era demasiado obstáculo. Sólo un equipo, y prácticamente sólo un hombre apostó por él. Fueron los Houston Rockets de Kevin McHale, quienes tuvieron dudas hasta el final pero que finalmente hicieron caso omiso de sus problemas psicológicos y se centraron en sus habilidades sobre la pista.

A lo largo de la Summer League en Las Vegas, White promedió unos notables ocho puntos, siete rebotes  y casi cuatro asistencias en 25 minutos. La pretemporada pintaba bien, como un rookie más que se intenta hacer un hueco en la plantilla, luchando por un puesto.

White a causa de la ansiedad, entre otras cosas tiene pánico a coger aviones. En una liga en la que se juegan 3-4 partidos semanales y por todo Estados Unidos, es algo casi tan habitual como tirar a canasta. Para intentar solucionar éste hecho, la franquicia de Houston propuso un plan, según el cual pondrían ya fuera un autobús o un coche a disposición de Royce para desplazarse a los partidos. Además de ello, los Rockets le asignaron un médico personal para que ayudara en todo lo que pudiera a que los problemas del joven jugador fueran lo más leves posibles.

Los Houston Rockets pusieron lo que ellos consideraban que estaba en sus manos para ayudarlo, pero la temporada ha comenzado y Royce todavía no ha debutado en partido oficial, y por lo visto en los últimos días, no parece que lo vaya hacer, al menos con la camiseta de los Rockets. A pesar de los esfuerzos del equipo, el jugador no se presentó a algunos entrenamientos, rechazó al médico personal asignado y se niega a viajar con el equipo. En base a estos hechos, la franquicia lo envió a su equipo afiliado de la D-League (una especie de “segunda división” en la que los equipos de la NBA mandan a jugadores que podrían dar el salto al primer equipo) para que no perdiera la forma mientras encontraban una solución a sus problemas.

White no estuvo de acuerdo con ésta situación, y como suele ocurrir últimamente, levantó su voz en la red social Twitter, donde ha dejado claras varias cosas.  En uno de sus tweets, el 17 de noviembre, aseguró que “No estoy pensando en retirarme, pero si tengo que elegir entre mi salud y el baloncesto, la salud tiene preferencia. Nunca deberías elegir algo por encima de ello”.

Cuenta Royce que cuando cumplió 18 años, su médico  le miró fijamente a los ojos y le dijo: “ ¿Sabes qué? Este baloncesto (NBA) es una industria construida para acabar con gente como tú, pero yo quiero que la gente vea que puedes convivir con tu trastorno, que puedes alcanzar tu sueño”. Y Royce Alexander White está dispuesto a lograrlo, cueste lo que cueste.