Entrevista a Ana Calvo, doctora en el campamento Zaatari de Jordania

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*Publicado originalmente en Yahoo Noticias

Dejó atrás un puesto directivo tanto en el Gobierno como en la universidad más importante de su país para ayudar a los refugiados en Zaatari, el mayor campo de refugiados de Oriente Medio. Este ejemplo de pasión por la cooperación define a ladoctora Ana Calvo, una mujer a la que le gusta ejercer la medicina en zonas de emergencia e interactuar con los pacientes.

Se considera una mujer afortunada por hacer lo que hace y muy orgullosa de ser “híbrida”. Su padre es español, pero tuvo que huir a Colombia por la Guerra Civil, donde conoció a su madre y nació ella. Allí creció, para después trasladarse a España a hacer medicina en la Universidad de Pamplona.

De ahí volvió a Colombia para trabajar en zonas de guerra, donde se dio cuenta de lo mucho que le gustaba este tipo de trabajo al margen de su verdadera pasión, la neurología. En su país alcanzó buenas posiciones, llegando a dirigir un departamento en laUniversidad del Rosario y a trabajar en el Ministerio de Salud colombiano.

Pero, como ella misma cuenta, conoció a su pareja, un médico al que un tiempo después trasladaron a trabajar a África en diversos campos de refugiados. “Pensamos en tener una vida juntos, así que dejé lo que tenía y me fui con él”. Pasaron por países en conflicto como Kosovo, Pakistán y Birmania para finalmente llegar a Siria, donde Ana Calvo conoció a Andrew Harper, quien le introdujo en ACNUR y posteriormente en Zaatari. 

En Zaatari la vida es complicada, como cuenta la doctora al describir su día a día. “Hay una gran complejidad y densidad de tareas. Mi día comienza a las 5 de la mañana, a las 6 nos trasladan en coche hasta el campo, donde al llegar empezamos la labor de coordinación”. Tras toda una tarde en la que realiza tareas con la comunidad y de atención básica, cierra su jornada “sobre las 7 u 8, dependiendo del día”. En coordinación con otros médicos han puesto en marcha programas como el de circuncisión, para evitar que lo practiquen los habitantes con medios rudimentales, o el de chequeo médico obligatorio a todo aquel que llega al campamento por primera vez.

A veces el día a día depara situaciones de lo más complicadas, como nos cuenta al hablar de uno de los casos más duros que ha tenido que vivir. “Una vez llegó un chico de 17-18 años que tenía un traumatismo craneoencefálico y una pierna amputada por una bomba. Además estaba solo, no tenía ningún familiar. Pudimos tratarle bien y le adjudicamos un caravana, donde le dimos sobre todo apoyo mental en un momento tan difícil”.

Este joven, al igual que muchos de los niños que habitan en el campamento, “al llegar no lloran, ni ríen, están desubicados por todo lo que les está pasando.” De eso se encargan también las organizaciones asentadas en Zaatari, que ayudan a que los más pequeños se distraigan con juegos, actividades, etc… En palabras de Ana, “hay que afrontar esto  y mejorarlo para que sea menos traumático. Muchos de estos niños han perdido a familiares frente a sus ojos. Se les da salud y educación para que así empiecen a hacer vida normal”.

A su alrededor los jóvenes tienen un entorno bastante hostil. “Hay muchos conflictos, sobre todo por la vivienda. Por ejemplo, hay luchas de poder por la electricidad y el agua, incluso por los objetos robados”. Tampoco se libra el ámbito de la doctora, ya que asegura que “hay gente que vende los medicamentos, por eso paseo por las calles para ver donde lo venden y evitarlo”.

La doctora Calvo insiste mucho en la importancia de dar visibilidad a lo que ocurre en el campamento, que la gente sepa lo dura que es la vida allí. Por eso, cuando habla de la visita que hizo Angelina Jolie a Zaatari, sólo tiene “palabras de gratitud. Hace muchas cosas buenas. Ella podría estar muy lejos con su vida, pero gasta su tiempo profesional en dar difusión a esto”. Ana destaca que “tiene facilidad para hacer simple un mensaje complicado, conciencia muy bien de lo que se puede hacer”.  Añade que “es como la labor que hacéis en Yahoo, es fundamental. Los españoles tienen que saber lo que hacemos. La verdad es que estoy sorprendida por toda la difusión que ha tenido”.

Antes de continuar con sus tareas, la doctora reflexiona sobre el conflicto sirio. Ella cree que “podría haber sido prevenido e incluso evitado. Hay una gran división social en Siria, con gente que no podía acceder a la vida social y varios servicios básicos. Ahora, si todos ponemos por delante nuestro trabajo, contribuiremos a que todo vaya a mejor”. No se olvida del papel del resto de países, sobre los que consideran que “sólo se ha hecho para que el conflicto no salga de las fronteras, pero al no intervenir se va a convertir en un enfrentamiento crónico en Siria”.

El mundo sin ley de las cárceles para inmigrantes

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*Publicado originalmente en Yahoo Noticias

“Te tratan como a un perro. Porque la policía que está en el CIE está ahí como un castigo, lo decían ellos mismos. Algunos estaban ahí por pegar a un inmigrante u otras cosas, y les mandan ahí. Son gente muy racista. No todos, pero la gran mayoría sí.”

Así habla Paulo César, un inmigrante boliviano que lleva ya siete años en España pero que a día de hoy sigue sin haber regularizado sus papeles. Llegó como turista y ya se quedó viviendo tranquilamente en nuestro país, hasta que hace unos mesescumplió los 60 días encerrado en un CIE.

¿Qué es un CIE (Centro de Internamiento de Extranjeros)? La responsable de política interior en Amnistía Internacional España, María Serrano, da una definición cristalina de lo que son. “Es un centro al que van a parar inmigrantes que están en situación irregular, normalmente porque las autoridades lo deciden como medida cautelar para expulsarles el internarlos allí”. No obstante, la falta de documentación y la estancia ilegal no están tipificados como delitos, sino que son faltas administrativas.

Paulo César posteriormente habla de su identificación y de cómo le paró la Policía en el metro. “Estaba yendo a jugar a la pelota y fui al metro de la línea 10, en Alonso Martínez. Me pidieron la documentación y al ver que no le tenía, me llevaron a (los juzgados de) Plaza de Castilla. Allí me encerraron tres días y me pasaron al CIE”.

Ir a las bocas de metro a identificar personas es una de las técnicas más usadas por la Policía. Ellos mismos reconocen esta maniobra, aunque descartan que apliquen la discriminación racial. Elportavoz del Sindicato Unificado de Policía (SUP), José María Benito, asegura que “seguimos acudiendo a las bocas de metro pero pedimos la documentación a todo el mundo que sale, para que así las ONG no nos digan nada”. Cuenta José María que para ellos los CIE no son algo fácil, y que es el sitio “al que nadie quiere ir. Van los que por ejemplo llevan poco tiempo en el cuerpo. En cuanto pueden se van de ahí”

Paulo César fue detenido, trasladado a los juzgados y de ahí al CIE de Aluche, compuesto por un gran edificio de color amarillo y ventanas blindadas azules, colores que contrastan con lo que se da dentro. Según Paulo, “ellos tratan de maquillar mucho la cosa. Pero sin embargo, es otro el sentimiento que vive uno ahí dentro. Por fuera nadie sabe lo que hay”.

Una vez en el interior, la cosa cambia. Mantiene la estructura de una cárcel pero sin llegar a serlo, como nos explica María Serrano. “Se diferencian, en primer lugar por la regulación. Los centros penitenciarios tienen gente formada. Para los CIE aun hoy estamos esperando su regulación, hay una orden ministerial pero no sirve. Además, las personas que están al cargo de un CIE son policías, lo cual da una impronta de seguridad a un centro donde están personas que no han cometido ningún delito, solo una infracción administrativa.

Entre las cuatro paredes del centro, la rutina se apodera de los internos como Paulo, quien describe que “más que todo es dormir, no haces otra cosa. Te levantas a desayunar a las siete, vuelves arriba. Bajas a comer y después tienes el patio de cinco a siete de la tarde para caminar. Algunos pueden leer o jugar a las cartas, las damas o el dominó”.

El régimen de visitas a los detenidos ha cambiado, principalmente el horario. Pero la realidad es que muchas de las personas recluidas no tienen nadie que les visite ni les proporcione ayuda desde el exterior, y es ahí donde entran las ONG. Paulo César también fue beneficiario de las organizaciones no gubernamentales, de las que sólo tiene buenas palabras: “la verdad es que estoy muy agradecido. Vienen, te ayudan, te apoyan. Por lo menos te sacan una sonrisa y te dan el cariño que a veces uno necesita. Yo estoy muy agradecido”.

En lo que respecta al trabajo de campo, el Centro Pueblos Unidos es el que más actúa en el CIE de Aluche con Cristina Manzanedo a la cabeza, abogada del centro y una de las autoras del informe anual que detalla con bastante claridad cifras en relación a los CIE. Por ejemplo, durante el 2012 el 90% de los internos eran hombres y tan sólo el diez eran mujeres. Filtrando por continentes y en ese mismo año, el África subsahariana y América Latina agrupan un 41 y un 30% de los inmigrantes respectivamente. Un dato sangrante es el que hace una relación entre el número de detenidos y el tiempo que llevaban en España. Hasta 46 casos de personas que llevaban aquí más de diez años fueron contabilizados en 2012, en contraposición a los 74 que no llegaban a los doce meses.

Una vez ingresa el inmigrante en el centro, el gobierno verifica la documentación y prepara las expulsiones que se están tramitando, estudiando el procedimiento que deben llevar a cabo con el país de origen. Hasta un número de tres intentos de expulsión (en una de ellas ingirió pilas para provocar su traslado al hospital y así perder el vuelo).

“La tercera vez fue a los 58 días y si que ya me llevaron unos policías y me cachearon como a un terrorista. Me registraron en todos los sitios por si llevaba una cuchilla o algo. Yo no tenía ganas de pelear, tenía pocas fuerzas porque estaba débil y casi no había comido. Pero al final saqué fuerzas para gritar todo el rato que nadie podía mandar en mi vida. Salió el capitán de vuelo y no quiso que yo volara, porque me consideraba un peligro en el avión .Por eso me bajaron, porque allí el capitán manda. Ahí ya yo estaba tranquilo porque al día siguiente hacía 59 días. Cumplí los 60 y logré salir”.

Tanto las ONG como los inmigrantes coinciden en señalar una cosa, y es culpar a la Policía de malos tratos en los centros, ya sean psicológicos o físicos. Por ejemplo, desde Amnistía Internacional aseguran que “han habido denuncias de malos tratos y torturas por parte de los puestos de seguridad. Cuando se producen, no existen los mecanismos de vigilancia y denuncia adecuados. No hay cámaras ni nada”. Pueblos Unidos denuncia que “donde no hay regulación hay arbitrariedad y oscuridad. Es 2013 y no tenemos reglamento ni nada”.

Paulo César va más allá y cuenta que el vio como “sí pegaron”. “Decían que fue con motivo porque el hombre les alzó la mano. Pero por ejemplo a un dominicano lo tiraron por las escaleras”. Y para él lo peor fue el trato que le daban los agentes del orden. “Te hablaban como a mierda.”

Y mientras, las denuncias se suceden, los organismos internacionales dictan sus sentencias sobre inmigración pero desde el Gobierno se sigue sin regular el panorama. La Policía considera que “las instituciones europeas no han entrado en esta cuestión. Alemania, Finlandia, Suecia, Bélgica, etc. Su situación es más diferente porque no tienen el problema que tenemos nosotros”. Pueblos Unidos rechaza este razonamiento afirmando que “sí existen iniciativas desde Europa, como puede ser elFrontex o satélites europeos. También está la directiva de retorno que establece los mínimos que deben cumplirse en todos los países.” Amnistía Internacional todavía es más clara: “España va en línea con los países de la Unión Europea”.

Lo único que suscita la unanimidad es la solución a los Centros de Internamiento de Extranjeros, y no es otro que el cierre. Ya sea por parte de la Policía, de las ONG y por supuesto los propios inmigrantes, todas las partes consideran que tienen un carácter nocivo para la sociedad. Historias como la de Paulo César o Samba Martine, la mujer que falleció tras pedir asistencia médica hasta diez veces en un CIE, tienen la oportunidad de ser elementos del pasado si la sociedad se conciencia ante estos lugares donde se violan derechos fundamentales.

El agente del caos

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Publicado originalmente en Actualidad24.net

“Instaura una pequeña anarquía. Altera el orden establecido. Y comenzará a reinar el caos. Soy un agente del caos”.

El malogrado Heath Ledger, en su interpretación del Joker en la película “El caballero oscuro”, es el autor de esta frase. Y bien se podría aplicar al jugador que nació bajo el nombre de Ronald William Artest, ahora llamado Metta World Peace.

Su historia es la historia de un jugador que siempre ha ido al margen de la normalidad, fuera de la manada y siempre dando la nota de una forma u otra. No es algo que le salga sin querer, que sea consecuencia indirecta de sus actos. Es algo que él mismo provoca y alardea de ello. Es su estilo de vida. “Me gusta la tensión, me encanta cuando las cosas salen mal. En la NBA no promocionan a tíos como yo, les gustan tíos que comen Cheerios, buenos tíos, pero yo encuentro la forma de darme a conocer”.

Como buen agente, Metta World Peace provocó en su día la pelea más salvaje jamás vista en una cancha de la NBA. La estupefacción, el mal, y por supuesto el caos se apoderaron del Palace of Auburn Hills.

El 19 de noviembre del 2004, en Detroit, se enfrentaron los Pistons a los Indiana Pacers. Era la reedición de la final de conferencia de la temporada anterior, por lo que había cierta tensión en el ambiente. En una jugada al borde de la conclusión del partido (apenas quedaban 45 segundos), el por aquel entonces Ron Artest y Ben Wallace comenzaron una pelea que nadie preveía que fuera lo grave que acabó siendo.

El proceso normal diría que el conflicto, provocado entre los dos jugadores, acabaría ahí, entre los jugadores. Pero eso es lo normal. De algún modo, Artest consiguió que incluso varios aficionados que habían acudido a ver el partido se vieran implicados.

El proceso normal también diría que en una pelea entre varios participantes, al menos hubiera tensión por parte de todas las personas. Pero mientras el resto de jugadores se enzarzaba en una pelea que él había provocado, Ron Artest se mantenía tumbado plácidamente en la mesa de los marcadores, contemplando desde la primera fila y con aparente indiferencia su caótica obra. Incluso se le ocurrió la idea de intentar hablar por el micrófono para todos los espectadores, idea que desestimó acertadamente el locutor.

¿Y sabes qué tiene el caos? Que es justo

Lo que sucedió posteriormente no tiene ni pies ni cabeza, y tampoco atiende a cualquier razón lógica. Un aficionado, seguramente harto de que el instigador de aquel lamentable espectáculo estuviera cómodamente recostado, decidió tomarse la justicia por su cuenta. El vaso de Diet Coke con el que calmaba su sed durante el partido le pareció la mejor arma disponible, cuando le lanzó su contenido al jugador de los Pacers. Éste despertó de su inexplicable letargo, aceleró sus pulsaciones de 0 a 100 en un segundo y salió embalado dirección a la grada. El objetivo, causar el caos.

En ese momento comenzó el momento denominado “Malice in the Palace”. Aficionados y jugadores se vieron envueltos en un combate de grandes proporciones, de la época en que el Coliseo romano vivía sus mejores tardes. Ben Wallace, Jermaine O’Neal y Stephen Jackson fueron los alumnos aventajados de un Ron Artest totalmente desatado. “Ron ron” se dirigió hacia un hombre de camiseta negra como un toro y lo embistió sin piedad. El único inconveniente, que se había equivocado de víctima.

A partir de entonces, volaron puñetazos en todas direcciones. Los jugadores de los Pacers contra los aficionados de los Pistons. Stephen Jackson y Jermaine O’Neal lanzaban derechazos a todo aquel que se cruzaba por su paso. Artest hacía lo propio por su cuenta. Uno de los fans, Charlie Haddad, tuvo la desgracia de enfrentarse a O’Neal. Quienes se encontraban a su lado temieron por su vida tras recibir un poderoso puñetazo tras carrera del pívot de Indiana.

Mientras tanto, los miembros de seguridad del recinto no daban abasto. Según cuentan, en aquella época estaban preparados para peleas en la grada o en la cancha, pero no en ambas partes. Como suele ocurrir, tuvo que pasar este hecho para que se tomaran mayores medidas de cara a la prevención de éstos casos.

Una vez terminado el incidente, con todos los jugadores en los vestuarios y la policía rodeando el edificio para evitar males mayores, Artest y Jackson conversaron sobre las consecuencias de su acto. “Tendremos suerte si conseguimos un puto empleo”, se limitó a decir S-Jax. Éste ya vislumbraba los resultados de sus actos. Pero Ron Artest, el agente del caos, padre y madre del espectáculo más lamentable visto en la NBA, todavía tenía una guardada. Y es que se resistió a terminar entre rejas la noche en la que llevó a cabo su mayor obra.  En compenetración con los estamentos de su equipo, consiguió llegar al autobús del club para permanecer fuera del alcance de los agentes del orden. Una vez más, había desafiado el orden impuesto, se salió de lo normal y consiguió librarse temporalmente de tener que rendir cuentas.

Sin embargo, las sanciones no tardaron en llegar y Artest, principal culpable, fue el más castigado. Le suspendieron sin jugar el resto de la temporada (un total de 86 partidos), perdió casi 5 millones de salario, le impusieron 60 horas de servicio a la comunidad y le obligaron a asistir a terapia.

Ron Artest, ahora llamado Metta World Peace, siempre ha tenido algo de diferente. Quizá ese sea el motivo por el que tras ese altercado, todavía siga teniendo un puesto en una de las mejores plantillas de la liga. Y quizás la NBA haya encontrado en World Peace el caos del que hablaba Isaac Asimov. “Le faltaba irregularidad, le faltaba el caos de la vida permanente en la que una habitación o incluso una mesa se adapta a las sinuosidades y fluctuaciones de una personalidad particular”.

El deportista del año 2012: Lebron James

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*Publicado originalmente en Actualidad24.net

El Ave Fénix, animal mitológico protagonista en varias culturas y religiones, es un animal cuya principal virtud es la inmortalidad. Una condición que alcanza cuando tras poner un huevo, éste arde a los tres días y queda reducido a cenizas. Momento en que el Ave Fénix renace de ellas para perpetuarse en la historia de la vida.

Como si de un personaje sagrado se tratase, Lebron James terminó la temporada 2011 convertido en cenizas. Había sido protagonista meses atrás de un espectáculo mediático sin precedentes en el que, a través de un programa de televisión nacional de prime time, James desveló al mundo que abandonaba la disciplina de los Cavs para como él mismo dijo, “llevar mi talento a South Beach, Miami”.

Su nivel de popularidad, hasta el momento siempre por las nubes, bajó drásticamente para pasar a ser el hombre más odiado de la NBA y blanco de la aversión de los fans. Con este ruido de fondo, se plantó en las finales ante los Dallas Mavericks de Dirk Nowitzki, quienes se llevaron el campeonato sin dar opciones a los Heat. En las series, Lebron estuvo a un nivel bajo, siendo devorado por la presión que le señaló como el principal culpable del batacazo en las Finales.

Se recluyó dos semanas al margen de todo el mundo, tan sólo acompañado de su mujer e hijos. Dos semanas en las que no se dejó ver por ningún lado e incluso dejó cubrir su rostro de una poblada barba. Tras esta reclusión, Lebron tomó una determinación. Quería ser mejor jugador y sobre todo mejor persona. Tras un verano en el que multiplicó su trabajo habitual y se prodigó en lavar su imagen pública, James estaba dispuesto a comenzar la temporada 2011-2012 con ganas de comerse el mundo. Los objetivos eran claros, el anillo de campeón y la medalla de oro olímpica. El camino hacia un gran año no hacía más que dar el pistoletazo de salida.

Su particular 2012 empezaba el 25 de diciembre, a causa del consabido lockout, con un remember de las finales perdidas ante unos Mavericks que habían cambiado su imagen tras el triunfo obtenido y que prácticamente pusieron fin a una era una vez tenían el preciado anillo. La temporada discurría como otra cualquiera aunque con la diferencia de un duro calendario comprimido en el tiempo. Los partidos se sucedían, las bajas por acumulación de partidos estaban a la orden del día en las plantillas NBA. No así en Lebron James, quien vió como el resto del Big Three sucumbía a las lesiones mientras él ni pisaba el banquillo.

Evolucionó en su juego haciéndolo más efectivo, presentando el mejor porcentaje de tiro de su carrera con un 53%, aunque ahí no pudimos apreciar su mayor cambio. La clave de la temporada de Lebron tuvo lugar cuando, a causa de las continuas bajas de Chris Bosh y el perenne problema del pívot en Miami, James comenzó a jugar más pegado a la zona que nunca. El puesto de cuatro pasó a ser cosa suya, relegando a Bosh al 5. Éste simple movimiento convirtió a los Heat en el equipo del Small Ball, y a Lebron en su icono. La clave del sistema, la versatilidad, aspecto en el que el jugador de Akron es el auténtico elegido.

Las cifras de la temporada no engañaban a nadie. 27’1 puntos, 7’9 rebotes y 6’2 asistencias que le valían a periodistas y aficionados de la NBA para nombrarle como MVP, por delante de Kevin Durant, amigo íntimo y principal adversario por el cetro mundial. En ningún momento James ha escondido que cada noche siempre mira lo que ha hecho “Durantula” para intentar superarle a la noche siguiente.

A medida que pasaba la temporada, el ruido de fondo que acompañaba a Lebron desde el fatídico programa “The Decision” cesaba ante cada exhibición de poder. Sin embargo, el jugador no es de piedra y en una entrevista concedida a Rachel Nichols, hablaba de cómo le había afectado aquella situación.

“Estar en el otro lado, lo que llaman el lado oscuro y ser el villano, realmente me estaba superando. Me convirtieron en algo que no era. Yo no soy esa persona”. Lebron James

La temporada echó el cierre, Lebron había sido MVP por tercera vez en su carrera y Miami Heat partía como máximo aspirante al trono que Dallas no parecía que fuera a defender como antaño. La historia era prácticamente similar a la del año anterior, salvo por un cambio en la mentalidad de Lebron que sería otra de las claves para la victoria final. Desde el momento en que echaron a andar los Playoffs, James, muy activo en las redes sociales, dejó de usarlas y se apartó del teléfono móvil lo máximo posible. Las críticas resbalaban sobre él y se centró en potenciar uno de sus hobbies “secretos”: la lectura.

La postemporada fue un camino de altibajos para el equipo pero no así para King James, quien lideró a los Heat con 30 puntos, 9’7 rebotes y 5’6 asistencias. Números al alcance de muy pocos jugadores a lo largo de la historia de la liga. Los rivales se iban sucediendo: unos Knicks que no fueron oposición, unos rocosos pero inexpertos Pacers y los inmortales Celtics del Big Three, quienes a la postre fueron sin duda los rivales más duros en el camino. Por el itinerario, actuaciones que quedaron grabadas en la retina de los espectadores, como los 40 puntos, 18 rebotes y 9 asistencias ante los Pacers o los 45 puntos, 15 rebotes y 5 asistencias del Lebron más desafiante de la temporada contra los Celtics.

La última parada, unos Thunder que venían con la vitola de favoritos tras aplastar a sus rivales de conferencia. La supuesta superioridad de Oklahoma quedó sepultada bajo el saber hacer de Miami, quien amaestrado por el Lebron más sabio de la temporada se impuso por un claro 4-2. El último partido quedará para la historia, ya que James se despidió con 26 puntos, 11 rebotes y 13 asistencias. Tim Duncan, Larry Bird, James Worthy y Magic Johnson observaban como el genio de Akron se unía con total merecimiento a su selecto club. “Triple double don’t lie” tuiteaba Greg Monroe.

Lebron James alcanzó su sueño, se coronó como campeón de la NBA y fue nombrado más que merecidamente MVP de las finales. Ponía así fin a una temporada perfecta en la que pulió defectos del pasado y se hizo más fuerte a base de golpes. Pero la misión no había terminado. Dos objetivos habían sido puestos en su mente, y sólo uno se había cumplido. La medalla de oro olímpica era la última etapa de una carrera que sólo podía acabar en lo alto del podio londinense. Era una cuestión entre James y Jordan, quien hasta este verano había sido el único en ganar en el mismo año el MVP, el anillo de campeón de la NBA, el MVP de las Finales y la medalla olímpica. El reto era mayúsculo, pero la motivación superior.

Por otra parte, la admiración del mundo del baloncesto era unánime, el odio comenzaba a ser cosa del pasado y sus detractores se empezaron a quedar sin argumentos tras la consecución de la corona.

“En la historia moderna de la liga, las únicas temporadas comparables a la de Lebron fueron la campaña en que Shaquille O’Neal ganó su primer campeonato con los Lakers y cuando Michael Jordan ganó sus tres primeros campeonatos con los Bulls. El resto es de una magnitud inferior. No sólo ha sido el mejor jugador de la liga, sino que la ha dominado de principio a fin como sólo tres jugadores lo han hecho en las cuatro últimas décadas: Jordan, Shaq y Lebron. Ésa es la lista.” John Hollinger (Analista de la ESPN)

Con la resaca del campeonato y la acumulación de minutos en sus piernas, Lebron llegaba a los Juegos Olímpicos como una de las principales atracciones tras su reciente título. Pero aquí su papel no fue el de salvador, sino el de un jugador importante en un grupo de grandes estrellas. Durant, Anthony y Bryant, por citar a algunos, pasaron a ser sus compañeros. James, haciendo uso de su versatilidad y su bajo ego cumplió un papel menos protagonista, cediendo más terreno tanto a Kevin Durant como a Carmelo Anthony. Salvo momentos puntuales en los que tiró de galones, no destacó sobremanera en ningún partido. Sin embargo, fue suficiente para imponerse en una ajustada final al combinado español y alcanzar la cima del deporte mundial. Por el camino, un triple doble de 11 puntos, 14 rebotes y 12 asistencias ante Australia, algo inédito en el baloncesto olímpico.

James cerraba así una temporada de ensueño. MVP de la temporada y de las finales, campeón de la NBA y medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 2012. El recuerdo de la final perdida el año anterior fue el trampolín que acabó con el exitoso cierre de las olimpiadas. Cual Ave Fénix, Lebron Raymond James se convirtió en cenizas en 2011 para renacer en un 2012 majestuoso, en el que ganó todo lo que se le puso delante y grabó su inmortalidad en las páginas de la historia del deporte.

Hasta aquí el alegato para el mejor deportista del año. Porque es él. El único. El Rey. EL ELEGIDO.