En el nombre del inmigrante africano nº 1.150

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Recientemente publicaba Xavier Aldekoa, corresponsal en África de La Vanguardia y autor del libro ‘Océano África’, un tuit con una instantánea del fotógrafo Samuel Aranda que resume perfectamente el enfoque general sobre las recientes tragedias del Mar Mediterráneo y que pueden haber acabado en una semana con la vida de hasta 1.150 personas, condenadas desde ya a ser un dato más en los medios.

Esta visión, por desgracia muy extendida, es la única explicación lógica a la sonrojante pasividad tanto a nivel informativo como al de los gobiernos y las instituciones europeas, responsables de lo que ocurre en nuestras fronteras. Al respecto del plano informativo, la exigencia no es por el hecho de dar la noticia o el no hacerlo (algo que en la época del copia y pega a noticias de agencia y del compartirlo todo por redes sociales es casi inconcebible), sino más bien por la diferencia de tratamiento a las víctimas, especialmente por la frialdad informativa a la que son sometidas.

La cuestión, por quimérica, ya no pasa por pedir una cobertura similar a la de otras tragedias en las que no se escatima a la hora de publicar hasta el último nombre, historia y homenaje a las víctimas; sino por la exigencia de un mínimo de tacto a la hora de informar, dándole al menos la importancia y espacio público de discusión que merece. Como ejemplo, y salvo en casos contados de medios y periodistas que tratan en la medida de lo posible de humanizar a las víctimas, la tónica general es la de presentarlas como simples datos a los que no se separa de su condición de inmigrantes, apelativo que debería pasar a ser secundario porque antes de nada son personas.

No obstante sería igual de quimérico pensar que gran parte de los medios de comunicación actuales responden sólo a criterios puramente informativos, completamente aislados de los económicos. A golpe de clic, estos últimos tejen el entramado de noticias que nos acaban llegando como más o menos importantes. Por ello, en los sucesos que tienen que ver con muertes, la cobertura es mayor en las que consideramos víctimas más cercanas  y muchísimo menor en las vistas como más lejanas. Esto termina imponiendo un sistema de muertos de primer y segundo nivel en el espacio mediático.

Por motivos así las últimas tragedias tras el naufragio de un barco en el Mediterráneo con unas 700 personas a bordo, sumadas a los 400 fallecidos días atrás en una embarcación y a los más de 40 que murieron al sur de Sicilia en una semana absolutamente devastadora, no hacen sino cumplir con el paradigma de lo que generalmente ocurre en estos casos. Pese a la gravedad del asunto, todo acaba desembocando en un relativamente bajo nivel de presión de los medios a las instituciones europeas, que ante el menor foco mediático sobre este asunto tienen facilidad para seguir con la estrategia de lamentar la tragedia, prometer soluciones y dar por zanjado el tema sin que apenas nada cambie, tal y como Mariano Rajoy ya ha hecho.

Mientras tanto, declaraciones como las del Ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, en las que aseguraba que invertir más en los rescates marítimos fomentaría el “efecto llamada”, reflejan la verdadera opinión de las instituciones europeas, o al menos la que se traslada a las acciones que han llevado a cabo en esta materia. Un ejemplo de ello fue la supresión de la operación Mare Nostrum por una política que hace énfasis en la seguridad de las fronteras antes que en labores de búsqueda y rescate en el mar.

No se trata de cargar a los medios con la responsabilidad de la falta de soluciones en esta materia, y sí de recordar que como cuarto poder se debe dar la debida importancia sobre los temas que los otros poderes prefieren no afrontar. Que en innumerables ocasiones se ha visto como el foco mediático es uno de los mayores enemigos de los dirigentes y el principal paso para que un tema, que puede implicar la muerte en una semana de hasta 1.150 personas con sus nombres e historias particulares, pase a ocupar definitivamente un lugar preferente en la agenda política.

Por Moha Gerehou /@mohagerehou


 

Ante los últimos acontecimientos, SOS Racismo Madrid se ha adherido al Manifiesto por el fin del genocidio migratorio en el Mediterráneo.

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